La personalidad y el Yo Superior. Filosofía Floral

27 de December del 2018

imagen: Walt Disney

“Mientras nuestra alma y nuestra personalidad están en buena armonía todo es paz y alegría, felicidad y salud"

Edward Bach

El ser humano tiene una personalidad terrena, una forma de ser, un carácter que imprime su sello en aquello que piensa, siente y hace.

La personalidad es la encargada de los asuntos cotidianos, de todo lo que atañe a las resoluciones materiales, por eso necesita ver para creer, y recibir a través de los sentidos y los placeres las señales de la existencia en ella están los miedos, las dudas, la apatía, la sensibilidad excesiva, el abatimiento y la codicia tanto afectiva como material como espiritual. (Los 7 grupos de Las Flores de Bach)

Desde la perspectiva de la personalidad la vida solo tiene sentido cuando se promueve el beneficio individual sin mayor perspectiva ni planteamiento. Para ella la experiencia válida es aquella que se orienta al beneficio propio.

Cuando la mirada se hace desde un punto de vista separador e individualista sabemos que es la personalidad la que está gobernando. 

"yo" es su palabra favorita y percibir que todo gira alrededor de ese monosílabo su mayor satisfacción.

Este cuaternario inferior al que llamamos personalidad, puede hacer que la vida se estanque en preocupaciones constantes y sufrimientos si es que ignoramos que existe una realidad por encima de toda circunstancia. Sólo si se deja un espacio para escuchar al Ser Superior,  se puede transformar en una aliada fiel, en un medio eficiente, en una herramienta hermosa al servicio de la belleza y la buena voluntad.

El Yo superior está relacionado con la personalidad la ama, la alumbra y la guía simplemente estando receptivos a los niveles internos.

El Ser Superior es como un sol capaz de alumbrar las sombras del egoismo y la ignorancia,  a través de las tomas de conciencia del descubrimiento de las máscaras personales que obstruyen inconscientemente el camino hacia la serenidad.

El Ser Superior es el eje de la conciencia, de manera que, cuando un individuo se permite la conexión con él, llena a la personalidad de luz, creando llamadas internas para que las necesidades espirituales puedan ser cubiertas.

Estas necesidades movilizan a la personalidad hacia una nueva forma de ser que "obliga" al individuo a ir siguiendo las llamadas de su interior. Así progresivamente los pensamientos, emociones y por lo tanto las actitudes y actos, se bañan de una nueva necesidad de armonía.

Cuando esa conexión con el yo espiritual se lleva a cabo, el individuo deja de identificarse con sus rasgos personales más marcados y limitadores (definidos en los 12 sanadores de Las Flores de Bach.) que siente que le definen y le dan fuerza  y  va disolviendo sus cristalizaciones.

El ser humano abierto a estimular el despertar de su maestro interno,va creando lazos entre los dos mundos en los que transita, el interno y espiritual  y el externo y material.